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Bobby Riggs, el rey de Wimbledon y de las apuestas

  • Por Ariel Román E. (@arielago)

Es una historia de Hollywood que llegó a la gran pantalla de la mano de Steve Carell. Si bien, Bobby Riggs es más conocido por sus dos “Batallas de los Sexos” en los setentas, muchos pasan por alto su época de gloria en el deporte blanco a fines de la década del treinta, donde fue capaz de ganar Wimbledon en singles, dobles y dobles mixtos en un mismo año… llevándose un suculento premio. Un ludópata por excelencia, Riggs vivió su vida como él sabía, apostando a ganador. Este es su lado más “desconocido”: Su carrera tenística.

Nacido un 25 de febrero de 1918, Bobby Riggs creció en Pasadena, California, donde aprendió a jugar al tenis a los doce años… tras ganar su primera raqueta en una apuesta. Ya a los 16 años era el mejor junior de Estados Unidos, mientras que al cumplir dieciocho en 1936, comenzó a competir con los adultos a un altísimo nivel. Prueba de ello fue su debut en un Grand Slam en el US Open, donde llegó a los octavos de final. En aquella temporada finalizó cuarto en el ranking estadounidense.

Una de las características de Riggs en su etapa juvenil, era apostar dinero contra adultos que creían que el pequeño no tenía chance de derrotarles. En Los Ángeles, había una enorme cantidad de tenistas esperando perder unos dólares con el joven prodigio. La leyenda cuenta que en estos partidos, arrancaba mal a propósito, para dar vuelta el duelo como si nada y ganar su apuesta. Este mito se fue convirtiendo en realidad al final de sus años como profesional.

Riggs solo medía 1.70m, por lo que lo que no tenía de potencia, lo tenía en velocidad y control de sus tiros, especialmente con su drop shot. A diferencia de las otras grandes figuras de la época, como Don Budge, Fred Perry o Gottfried von Cramm, que poseían de un potente juego de saque y tiros de fondo, el pequeño californiano poseía de un sentido táctico del juego excepcional. Según Jack Kramer, Riggs podría haber sido capaz de derrotar a las figuras australianas que aparecieron quince años después del estallido de la Segunda Guerra Mundial: Rod Laver, Lew Hoad y Ken Rosewall.

Bobby Riggs y Gottfried von Cramm

Cómo debutar en Wimbledon y hacerse millonario en el proceso

En 1937, alcanzó la semifinal en el US Open, desperdiciando dos sets de ventaja ante el barón von Cramm. Finalizó ese año en el número cinco del mundo, y la segunda raqueta de Estados Unidos. Al año siguiente, fue nominado al equipo de Copa Davis de su país, como número dos tras Don Budge, que llevaba ganados cinco Grand Slams de manera consecutiva. Riggs ganó su primer single y perdió el quinto punto, con la serie ya definida. Pero lo mejor estaba por venir en 1939.

Equipo de Copa Davis de Estados Unidos en 1938. Riggs, segundo de izquierda a derecha

Riggs cayó en la final de Roland Garros en 1939, pero su actuación en Wimbledon levantaría los ojos de todo el público. El año anterior, Don Budge había ganado los tres títulos: Singles, Dobles y Mixtos. No obstante, el colorín no defendería sus títulos al haberse convertido en profesional tras haber ganado los cuatro Slams la temporada anterior. Bobby nunca había jugado Wimbledon antes y era el segundo sembrado del torneo, y decidió hacer las cosas aún más interesantes: Apostaría cien libras a que ganaria los tres títulos.

En dobles, se anotó con Elwood Cooke, y en mixtos, jugó con Alice Marble, que también iba en búsqueda del triplete. En ruta a la Final de singles, Riggs apenas perdería un set, para medirse con su partner Elwood Cooke, quien había sorprendido en Cuartos al principal favorito, el local Bunny Austin. La definición no sería fácil para Riggs. “Cuando estaba 2-1 abajo en sets contra Cooke, de seguro estaba pensando en mi inversión”, comentaría años después en el libro History of Tennis de Bud Collins. Finalmente, el californiano dio vuelta el encuentro para ganar el singles de Wimbledon por 2-6 8-6 3-6 6-3 y 6-2. La primera parte estaba lista.

Elwood Cooke y Bobby Riggs, Wimbledon 1939

En el dobles masculino, la tarea fue muchísimo más difícil. Cooke y Riggs eran los segundos sembrados y en cuartos sufrieron para vencer a los locales Henry Billington y Pat Hughes, 11-9 en el quinto set. En semifinales debieron chocar contra dos de los legendarios Cuatro Mosqueteros de París, Jacques Brugnon y Jean Borotra. Los estadounidenses despacharon en cuatro sets a los galos, para superar en la misma cantidad de parciales a los británicos Charles Hare y Frank Wilde. Van dos de tres…

Junto a Marble, no tuvieron muchos inconvenientes para llegar a la final, perdiendo dos sets en el camino. En la definición, derrotaron por 9-7 y 6-1 a los locales Frank Wilde y Nina Brown. Marble también ganó el triplete. Pero lo más importante… Bobby Riggs acababa de hacerse millonario.

Las apuestas eran 12 a 1 en que Riggs iba a ganar los tres títulos, por lo que ganó 108 mil dólares de la época, el equivalente a casi dos millones de dólares de hoy. “Pese a que las apuestas eran legales allá, yo era un amateur, y la USTA se habría enojado conmigo por haber apostado. Tenía miedo de qué harían si supieran que un amateur tuviera todo ese dinero, así que me quedé callado. Dejé la plata en un banco de Londres, pensando en que giraría todo una vez que me volviera profesional. Pero llegó la guerra, así que se quedó ahí acumulando interés. Me llegó un lindo regalito una vez que salí de la Marina. De seguro que rezaba para que los británicos derrotaran a Hitler y pudieran salvar mi dinero”, comentaría.

Alice Marble y Bobby Riggs en el tradicional baile de campeones de Wimbledon

Si hay algo más importante que ganar todo ese dinero, es la brutal estadística que sólo Bobby Riggs es poseedor: Jugó sólo una edición de Wimbledon. Ganó los tres títulos. Tras ganar el US Open unos meses después, y repetir el hito en 1941, Riggs se volvería profesional, con la idea de ganar más dinero, pero llegaría la guerra, y con ello, debió enlistarse en la Marina para combatir en el Pacífico.

Bobby Riggs, apostador empedernido

En aquellos años, los tenistas profesionales solían disputar partidos frente a frente en una gira que abarcaba cerca de 70 paradas por Estados Unidos. Luego de que una de las estrellas del tour, el británico Fred Perry, sufriera una lesión en el codo, las principales atracciones eran Don Budge y Bobby Riggs, ambos en el peak de sus carreras. En 1942, tuvieron una gira abreviada, que acabó con Budge arrasando con Riggs en la final del US Pro por un triple 6-2, antes de que ambos se enlistaran en la Marina.

Como miembros activos, ambos se midieron en exhibiciones para las tropas en las islas de Guam, Peleliu, Ulithi, Saipan y Tinian. Esta última exhibición coincidió con el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945. Esta serie de partidos, se decidió por 3-2 en favor de Riggs, que vencía por primera vez a Budge en una serie de partidos.

Apostador por naturaleza, Riggs regresó a sus andanzas una vez que volvió a jugar en el profesionalismo. Además del dinero que recogió tras su hazaña en Wimbledon 1939, se le sumaba lo que obtenía como garantía en las giras, y las apuestas que hacía durante éstas. Le ganaba dinero a aficionados millonarios que jugaban puntos con él, hacía clases particulares, entre otras cosas.

El dinero que ganaba con las apuestas lo botaba en más apuestas, tal como se le fue lo que ganó en Wimbledon: “Lo boté todo apostando como cualquier chico joven lo haría“, comentaría. Riggs también apostaba en carreras de caballos y en el fútbol americano, o bien iba al casino en Las Vegas. El ex tenista Tony Trabert, comentaría para ESPN sobre los particulares desafíos tenísticos de Riggs: “podía persuadir a gente o convencerlos perdiendo uno o dos sets a propósito y elevar las apuestas sólo para ganar con facilidad. Tenía un control increíble”.

En los años 50, Riggs ya se dedicaba más al golf… porque era más fácil apostar allí. Se jugaba mucho dinero en partidas con mafiosos. Su entonces esposa Catherine intentó controlar la adicción de Bobby por las apuestas, sólo para encontrarlo jugando al póker con el psiquiatra. Se divorciaron dos semanas después.

Una de las historias que Riggs siempre contó fue la ocasión en la cual le ganó 25 mil dólares al motociclista Evel Knievel, conocido por sus desafiantes acrobacias. Un año después de la Batalla de los Sexos, Knievel lo desafió a viajar en motocicleta desde Las Vegas a Twin Falls en Idaho, donde el acróbata iba a saltar el Cañón Snake River. Incluso le regaló una Harley Davidson para que completara el viaje. El propio Riggs relata la historia: “Casi me mato en esa cosa. Ni siquiera sabía cómo funcionaban los frenos. Cuando terminó todo, mis manos se quedaron congeladas por un mes… Pero esa no es la historia completa. Cuando lo vi saltar, me dije: ‘Dios, aún no me ha pagado los 25 mil dólares. ¿Qué pasa si no lo logra?‘. Y casi no lo hace. Eso fue un susto más grande que mi viaje en motocicleta“.

Respecto a la Batalla de los Sexos en 1973, Riggs vio esta oportunidad para volver a ganar dinero y también notoriedad, aquella que había perdido tras sus años de profesionalismo en el tenis. En una sala llena de periodistas, le ofreció cinco mil dólares a Margaret Court o Billie Jean King para jugar un partido. Sólo tenían que aceptar jugar un partido con él. Así se formó La Batalla de los Sexos. Pero esa es una historia para otra nota…