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Guillermo Gómez: “Tabilo era como tener un auto último modelo y no moverlo”

  • Por Matías Alarcón L. (@MatiasAlarconL)

Uno de los entrenadores destacados del tenis nacional, Guillermo Gómez, coach de Tomás Barrios y Alejandro Tabilo, atendió a Séptimo Game en un vivo de Instagram para conversar de su academia, su vida como entrenador, y el momento que viven sus pupilos, hoy convertidos en singlistas titulares de Copa Davis de Chile.

En la normalidad estamos enfocados todo el día en la cancha. ¿Qué cosas has podido hacer durante este periodo?

Todo ha sido súper rápido. Hemos ido adaptando cosas que son esenciales, que hoy las hemos pasado a la pantalla, que es la parte más teórica, táctica y analítica. Hemos analizado jugadas con Tomás y Alejandro, como sabemos que hoy tenemos tiempo para eso, nos ha salido bien y nos ha ayudado muchísimo.

¿Quién te incentivó a ser coach?

Como coach, nunca dije que iba a ser entrenador. Cuando uno es tenista, viaja por el mundo, ve la pega que hace el entrenador, que es esforzada, complicada, entonces uno dice “no, nunca más, no lo voy a hacer”. En ese tiempo me metí a estudiar ingeniería comercial. Cuando empezó a pasar el tiempo me llegó una oferta para viajar a una COSAT, porque su entrenador oficial no podía viajar. Me gustó, vi que en el fondo sentía algo cuando estaba fuera de la cancha. Desde ahí en adelante, no paré. Esto fue por ahí como el 2002 o 2003.

Desde fuera, se ve todo más fácil, ¿no?

Lógico. Ahora la diferencia con los muy buenos, es que de dentro lo ven igual que afuera. Yo creo que eso es lo que hay que tratar de enseñar, en cómo pueden ser más autónomos fuera de la cancha y estar viendo lo que está pasando.

Ahora estás al mando de Alto Tenis. ¿Cómo manejas los niveles de los jugadores?

Tenemos una escuela bien masiva. Pasan mensualmente 180 a 190 jugadores, desde los 4 años a los profesionales. Intentamos que todos tengan su cabida, tratamos de segmentar las situaciones, y sobretodo nos enfocamos con los jugadores que quieren llegar al alto nivel, más allá de que lleguen a la universidad en USA o en Chile, alcancen su objetivo propuesto en algún minuto. Tratamos de llevar cada carrera lo más individualizada posible, porque a medida de que se va achicando el embudo, ya sea por edad o por nivel, hay que segmentarlo de esa forma. Estamos tratando de llevar esa máquina lo más rápido posible, porque ha funcionado.

Todos los que están en Alto Tenis quieren llegar a ser como Barrios o Tabilo, pero, ¿quién llega?

Al final se conjugan muchas situaciones. Siempre he escuchado que hay parámetros y todo, pero Tabilo nos ha demostrado que puede llegar el que se lo proponga. El proponer es tomar decisiones, que creo que es lo más importante. Esas tomas de decisiones tienen que ser claras y objetivas. Hay una conjugación de todo, donde el denominador común es el trabajo, el esfuerzo, la dedicación y la toma de decisiones. También va la familia, que es muy importante en edades más pequeñas.

Hay varios papás que cuando ven talento en un hijo de 15 años que juega bien, lo presionan. ¿Te tocó algún caso en donde un chico dijo que no quería jugar más?

Todos los meses pasa. Eso es un pan de cada día, porque lamentablemente hay dos formas de verlo. Una, del papá que no entendió el proceso del niño, y otra, que el papá quiere más que el hijo. Los dos planteamientos son súper evaluables, pero pasa muchísimo. Al final es importante un entrenador que sostenga el proyecto. Hay que hacerle entender que su hijo no está haciendo nada malo, que está haciendo cosas muy buenas, y que si no llega a ser Top 100, bueno, habrá que evaluar qué pasó en el camino. Pero dentro de ese proceso, son muchas cosas las que pueden pasar.

Tabilo tuvo un gran 2019, estaba más sólido, pero Australia inconscientemente cambia todo. ¿Dónde crees que hizo el clic para dar ese paso?

Ale siempre fue bueno. Él tiene un talento innato, un sacrificio enorme de cómo le gustaría entrenar. Lo que pasa es que para mí estaba mal entrenado, en el sentido que no sabía a qué jugaba, a que entrenaba, no sabía cómo viajar, cómo planificar. Era como tener un auto último modelo en la casa y no moverlo. Lo primero que vi es que jugaba muy bien, pero nadie había dicho lo que había que hacer con él. Fue tomando el ritmo del circuito, hizo cosas muy buenas, como destinar todos sus recursos económicos en hacer un calendario que a donde entraba, iba. En un minuto estaba con él en Estados Unidos, después se fue a Uruguay. A la otra semana se fue a Kazajistán por dos semanas. Volvió a Chile, partió a otro lado… Hizo unas giras que son dignas de aplaudirlo, porque eso lo premió al final. Yo estaba asustado, porque no entendía hasta cuándo iba a aguantar, porque los vuelos eran de 25 horas, caros, y de repente andaba solo porque no podía pagar un entrenador. El estaba sin ránking. Se fueron dando muchas cosas que él las buscó. Estuvo mucho tiempo sin ver a su familia, hartas cosas que pasaron entremedio, que claramente no todo el mundo sabe, y que en el fondo le pueden servir a los demás. A mí eso es lo que me interesa, que tengamos muchos más Tabilo, más Garin, más Jarry, y eso nos hace tener un proceso más exitoso en todas las academias.

¿Cómo manejaste la interna después de Australia?

Siempre les pido que nos enfoquemos en lo que están haciendo. Para ambos era todo nuevo, era el primer Grand Slam al que llegaba como entrenador, y para él la primera vez como jugador. Llegaban estrellas del tenis mundial y me hacía el loco, seguía caminando. Entrenamos muchísimo, llegamos a la ATP Cup con el preámbulo de todo eso. Me acuerdo perfecto del primer partido, estaba Nicolás Massú que nos acompañó todos los partidos. Yo le decía a Nico si aguantaba el nivel porque iba 3-0 abajo en el tercero. En eso, el Ale me mira, y le dije que no parara, y se le empezó a dar, ganó esa primera ronda que fue el hincapié claro donde él creía que podía hacer algo importante. Ahí creo que cambió su clara, su tenis, pensó de una forma distinta. En el segundo partido iba set abajo, fácil, había un viento increíble donde no podía devolver el saque de Stakhovsky. Y se fue dando partido a partido, cuando pasó la Qualy a Viola, donde tenía una fe enorme de que le iba a ganar, y jugó increíble. Yo le dije que es un momento único, que vamos a tomarlo con la mayor de las calmas, porque todo lo que has conseguido son 20 puntos. Y lo que más le recalqué antes del sorteo fue que “si tú te fijas, los mismos jugadores con los que has jugado, son los mismos de todas las semanas. Sólo ha cambiado el escenario”. Son puros jugadores de Challenger. Y eso lo fue entendiendo muy bien. El partido con Galán fue a alto nivel, y lo fuimos manejando en ese sentido. Después, de la plata, nunca se habló nada, hasta que me dijo: “Acompáñame a cobrar por favor”. No sabíamos como cobrar, nada. Son cosas que fueron sucediendo y él se aseguraba muchas cosas, como un financiamiento para hacer un año muy tranquilo.

Cuando uno ve el prize money, uno se va tranquilo, para viajar con entrenador, con fisio, más completo.

Uno de los cambios que se hicieron del 2019 al 2020, fue el empezar a trabajar con empresas que los manejan y en la parte clínica, con MEDS, con Carlos Burgos. Ellos empezaron a poner a un kinesiólogo para viajar, pero eso es un gasto de tres pasajes. Tiene mucha característica de Ale el momento que está viviendo, porque ha destinado todo lo que tiene para su carrera.

¿Qué sensación te deja el tenis chileno de menores? ¿Cuál es la motivación te da el ir a un torneo?

La motivación de ir a un partido de tenis siempre es altísima, pero siento que ir a un torneo nacional de menores es como una ensalada. No ves nada claro, no sabes si el ránking vale o no vale. Eso al final merma todo el proceso que los entrenadores están haciendo. Una de las cosas importantes que tienen que cambiar en el tenis chileno es tener una dirección clara en cuanto a lo que se quiere. Para mí es importantísimo que tiene que cambiar rápidamente.

Cuando las cosas no salen bien, ¿de qué se aferra un coach y un entrenador?

Al final es leer el momento. Con Tomás ha sido un proceso complejo, de cómo empezó y cómo se ha ido desarrollando. Comenzó con muchos problemas físicos primero, y problemas técnicos, pero al final lo técnico no se podía corregir porque físicamente no le daba. A veces me preguntan: “¿Por qué Tabilo explotó tan rápido y Tomás no ha explotado?”. Han sido muchas situaciones, yo podía entrenar con Tomás por 40 minutos, cuando hizo cuartos de Roland Garros no podía entrenar más de una hora. Eso ha ido cambiando en el tiempo. Después estuvo 280 y le cambiaron el ránking y se fue al 340. Hoy está 280 y empezó la pandemia. A diferencia del Ale, que cuando le cambiaron el ránking estaba 500 y quedó 230 y aprovechó su oportunidad. Eso no quiere decir que uno tenga más suerte que el otro, los dos trabajaron, y en su minuto Tomás quizás no aprovechó su oportunidad tan clara que se le estaba dando y le cambiaron el ránking, pero a su vez, después de la finalización del año pasado que fue horrible, hizo una pretemporada muy buena y venía jugando muy bien. Son procesos distintos y para ir cambiando es súper conversable. Es ver qué plata hay, para dónde podemos ir, cómo lo podemos hacer. Cuando fuimos a Perú con Tomás en febrero, le dije: “Vamos a ir a los 25 mil de Perú porque si bien van a estar duros, tú juegas bien ahí”. El me dijo que quería seguir en los Challenger, hasta que en los últimos días no venía bien, había perdido en Punta del Este. No quería jugar, le dije que fuéramos a la segunda, en caso de que te den Wild Card al ATP de Santiago. Dos días antes le dije que lo iba a acompañar yo. Fuimos a jugarnos todas las cartas que tenemos y vamos a ver cómo nos va. Terminó ganando un torneo y haciendo final en el segundo, haciendo segunda ronda en el ATP y levantó su nivel. Y venía de hacerle tres sets a Carballés Baena en Australia.

¿Cuán importante fue para ambos el ganar su primer partido en Chile?

Habíamos hecho actuaciones paupérrimas en los Challengers de marzo, siempre a estadio lleno. Era una de las cosas a revertir, porque a uno como entrenador también se pasa por la cabeza muchas cosas. Qué se está haciendo mal, cómo los puedo preparar para esos partidos, cómo les puedo hablar para que la gente en vez de ser presión sea a favor, y eso hicimos. Más que trabajo técnico, trabajé en aislarlos de toda esa presión. No habían entrevistas, traté de andar con casi todo nuestro staff de entrenadores, porque así los estaba blindando a ellos. Elaboré una estrategia que funcionó en cierta forma, porque Alejandro y Tomás podrían haber hecho mucho más. Los partidos que perdieron fueron por malas decisiones, en atreverse a ganar los partidos que tuvieron. Así como lo hicieron muy bien, en la segunda no lo hicieron de la misma forma. Se les preparó muy firme en que manejaran la situación de buena forma. Pedimos buenos horarios, entrenamos muy tarde para que se acostumbraran a esa hora. Hicimos mucho del trabajo previo para que funcionara y nos salió.

Te llevo al partido de Tabilo contra Ruud. ¿Se quedaron con la sensación de que Alejandro está ahí?

Para mí es un partido que Ale no debiera haber perdido. Al final, no tomó buenas decisiones en minutos claves que pudo haber hecho más. En el fondo creo que él tuvo muchas chances de hacer más cosas. Se quebró solo con dos doble faltas al final, son cosas que le van a servir de experiencia para que no le vuelvan a pasar. Tomás ya le había ganado a Ruud hace unos años en Polonia. Son cosas que se pueden mejorar. Los dos tienen muy buen nivel y creo que van a ir evolucionando con el tiempo.

Después del ATP, llegó la Copa Davis. ¿Por qué no fuiste, y cómo viste a Ale y Tomás?

Por qué no fui… compleja pregunta, pero fue netamente porque a la parte federativa no le gusta que estén los cuerpos técnicos de cada jugador. Yo tenía la intención de ir pero no se dio. Demostraron un gran nivel, creo que Tomás pudo haber jugado mucho mejor de lo que hizo, y Ale perdió un partido que no debió perder. Se equivocó en esa jugada del match point y lo hemos hablado muchas veces y él lo sabe. Yo creo que es una experiencia para todos, podría haber sido mejor, porque se podría haber ganado, pero hay que darle mucho crédito al equipo técnico de Copa Davis porque ha hecho una gran labor, eso es innegable. Pero creo que a futuro se ve que hay cinco o seis jugadores para enfrentar una Copa Davis sin problemas.

En la ATP Cup, Tabilo pudo entrenar con Tsitsipas. ¿Cómo viste la experiencia del formato, que el entrenador pueda estar ahí?

Tsitsipas en su primer partido jugaba con un zurdo (Shapovalov), entonces andaban en búsqueda de uno. Lo vieron al Ale, que entrenaba, y con Capdeville hicieron el nexo y entrenó dos veces con él. Para nosotros fue una muy buena semana, porque para nosotros era importante aclimatarse al horario de los partidos. El año pasado tomamos la decisión de ir a Australia en octubre, porque veíamos que ambos podían llegar a la Qualy del Open. Era una jugada importante, y nos sirvió mucho, porque vimos que allá había un gran nivel, y vivir la experiencia del cambio de horario. Y la ATP Cup nos sirvió muchísimo porque se pudieron ver todas las situaciones que estaban pasando. Como los partidos empezaban temprano y ellos eran reservas, entrenábamos temprano y analizábamos muchísimo, ver como Jarry y Garin desplegaban todo lo que saben hacer. Y eso fue mucha ayuda para nosotros, porque vimos que era estar insertos en el alto nivel.

En la ATP Cup, ¿quién te sorprendió?

Djokovic. Vi su partido con Monfils, y aguantó seis juego. Se vio claramente cómo se agarraron a palos los primeros seis juegos, y Djokovic se mantuvo ahí y el otro bajó un pelo y le metió 6-3 y 6-2. Lo que nosotros queremos de cada jugador, es que no se salga un minuto de su estrategia, porque a la mínima, se acaba el partido. A pesar de que el otro le metía winners por todos lados, no se salía de lo que tenía que hacer. Y cuando veía la ventana, se metía y no salía más de la casa. Y eso es lo que le pedimos a todos los jugadores de todas las edades, la raqueta al suelo, las malas caras, no van por ninguna parte.

¿Te quedó la espina clavada con el partido de Barrios con Dellien? Era un octavos de final en casa, bueno.

Nos quedó a todos la espina. Hugo juega muy bien, tiene una intensidad altísima. Saca muy bien y tiene una derecha espectacular. Yo creo que tácticamente era un partido para que Tomás pudiera haber ganado. Tiene armas que podrían haberlo desequilibrado mucho mejor. Estuvimos al debe, no se jugó a un horario más pesado, sino que estaba rapidísima la cancha, y nos jugó un poco en contra porque la pelota de Dellien saltaba más. Si jugábamos de noche, Tomás tenía más tiempo. Pero la espina quedó y quedó muchísimo. Creo que fallé en el planteamiento previo, que quizás no fue con un plan B más establecido. Traté de bajar un poco la presión en cuanto a las condiciones, pero me debí haber preocupado del plan B al estar tan rápido. Era una cosa chica, pero hizo mucho la diferencia. Teníamos planteado un partido en que pensábamos que Hugo iba a fallar un poco más, y terminó haciendo daño al principio del punto.

¿Te sorprendió el nivel de Garin antes de la pandemia?

Sorprender no creo. Lo que impacta es la regularidad que está teniendo. El nivel todos sabemos que lo tiene, pero la regularidad es sorprendente, no sé cuántas finales llevará pero ha perdido muy pocas. Estar 18 del mundo requiere de una regularidad impresionante, ya le ha ganado a muchísimos jugadores buenos, ha hecho muy buenos partidos, y sigue aumentando su nivel. Está claro que va a jugar mucho mejor de lo que está haciendo ahora.

¿Cómo lo viste contra Djokovic?

A Cristian le pasó un poco lo de Monfils, que entró muy bien, pero a la primera ventana que le dio, Djokovic se metió y no paró más. Entonces eso es lo que tienen los grandes jugadores, que creen en su planteamiento, no cambian, y ejercen una presión donde el otro no se puede meter nunca más. Todas esas cosas van conjugando al decir que la cabeza lo es todo, y también el entrenarse en los momentos en los que hay que funcionar.

¿Has tenido un momento en donde hayas dicho “los quiero mucho, pero no más”?

Cuando fuimos a Australia el año pasado, Tomás era un desastre. En ese minuto le dije “seguimos o no seguimos”, porque no daba para más. El Ale no venía bien, cansadísimo. Yo decía: “¿En qué minuto se me ocurrió venir para acá?”. Todas las semanas había un viento de lado que no se podía jugar, todos sabían jugar con ese viento porque todos eran australianos. Para atrás, cuando Tomás se lesionó estuvo cinco meses fuera. Pasan cosas, pero el apoyo que he tenido de ellos, las conversaciones con la familia, siempre se ha guiado en el camino del apoyo y de llevar los procesos. Hemos tenido momentos muy complejos.