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La reina del tenis chileno: La leyenda de Anita Lizana

  • Por Ariel Román E. (@arielago)

No hay otra jugadora más exitosa en el tenis chileno que Anita Lizana. La “Ratita”, como le llamaban, es la única jugadora que ha conquistado un Grand Slam en singles, siendo considerada la mejor tenista del mundo en 1937, año donde ganó en el US National Championships (hoy US Open). En un 11 de Septiembre en Forest Hills, Anita se coronó como la mejor de todas.

Nacida el 19 de noviembre de 1915 en Quinta Normal, Lizana rápidamente desarrolló un interés por el tenis. Su padre Roberto fue tenista, y su tío Aurelio fue uno de los mitos del tenis nacional en sus albores. Con apenas trece años era la campeona nacional en categorías adultas. Anita debía jugar con hombres, ya que no había rival alguna entre las damas. De ahí, su gran fuerza en su juego de fondo de cancha.

En 1935, y financiada por una colecta popular, viajaba por primera vez a Europa, consiguiendo seis títulos. Ya estaba considerada como una de las mejores tenistas del mundo con apenas 19 años. Anita le comentó a Nell Hopman, la primera esposa del mítico Harry Hopman, capitán de 16 títulos de Copa Davis de Australia, que gracias a la ayuda de amigos que realizaron dicha colecta, se consiguieron 120 mil pesos chilenos (una fortuna en ese entonces) para enviarla a Inglaterra con Julia Brunton, su intérprete, ya que no hablaba una palabra de inglés. Al año siguiente, ya era cuartofinalista de Wimbledon.

A su primer regreso a Chile, Valparaíso la recibió como una heroína. “Nunca me imaginé que el público porteño me distinguiría en la forma que lo ha hecho, y que estimo no me corresponde. Una emoción inmensa recibí desde que el barco entró a Valparaíso, y ésta se acrecentó a medida que me acercaba a tierra y veía que millares de ojos trataban de ubicarme en la cubierta del barco para darme la bienvenida”, comentaba a La Nación. En Santiago, miles la esperaron en la Estación Mapocho y la siguieron en su caravana a La Moneda, donde recibida por el presidente Arturo Alessandri Palma, debió salir al balcón del palacio por primera vez a saludar a la multitud. Sin querer, Anita instauraba una tradición presidencial reservada para las grandes hazañas del deporte chileno.

Anita había alcanzado tal fama tras sus partidos en Wimbledon que fue invitada a la ceremonia de asunción del Rey Jorge VI. La chilena repitió su actuación en la Catedral en 1937 cayendo en Cuartos ante Simonne Mathieu, quien hoy es honrada con la tercera cancha en importancia en Roland Garros. Meses después llegaría lo mejor. El US National Championships, hoy US Open, en el césped de Forest Hills, era el escenario para su propia coronación. Pasó tres rondas con relativa comodidad para acceder a los Cuartos de Final, donde la esperaba la cuarta favorita, Marjorie van Ryn. Anita despachó a la estadounidense por un doble 6-1, y en la semifinal hizo lo propio con la sexta preclasificada, Dorothy Bundy, por 6-2 y 6-3. En la final, la esperaba la polaca Jadwiga Jedrzejowska, reciente finalista de Wimbledon.

Ese 11 de septiembre de 1937 marcaba la primera vez que dos jugadoras no-estadounidenses jugaban la final de Forest Hills. Y en aquella definición, Anita hizo gala de sus mejores tiros. El drop shot de Anita era su arma principal. Sus contemporáneas, como Alice Marble, campeona de cinco títulos de Grand Slam, lo catalogó a finales de los años ochenta como el mejor de todos los tiempos. Y fue así, con esos cambios de ritmo, que dominó a la polaca Jedrzejowska para conseguir el título del US National Championships por 6-4 y 6-2, desplomándose en el césped neoyorquino tras su victoria. Antes de su primer viaje a Europa, Lizana nunca había jugado en una cancha de pasto. Ganó en Forest Hills en su única aparición perdiendo apenas 28 games y sin perder un set.

La chilena se convirtió en la primera latinoamericana, mujer u hombre, en conquistar un título de Grand Slam. Tras Anita, la siguieron Alex Olmedo, Maria Esther Bueno, Rafael Osuna, Guillermo Vilas, Andrés Gómez, Gabriela Sabatini, Gustavo Kuerten, Gastón Gaudio y Juan Martín del Potro. Sigue siendo la única chilena en ganar uno de los cuatro grandes.

Tras su victoria, el Daily Telegraph la catalogó como la número uno del mundo de 1937. En ese entonces no existían los rankings computarizados, pero según Arthur Wallis Myers, crítico de tenis, “Santiago proporcionó a la sucesora de Suzanne Lenglen”.

La guerra detuvo a la Ratita

Su regreso al país también fue su adiós. Anita Lizana fue recibida por segunda vez en La Moneda por el presidente Arturo Alessandri Palma. Anita regresó a Gran Bretaña, precisamente en Dundee, Escocia, para radicarse junto a su esposo Ronald Ellis. Tuvo tres hijas: Ruth, Carmen y Carol.

Ese fue también tiempo de guerra en Europa. La Segunda Guerra Mundial detuvo todas las acciones deportivas y Roland Garros se convirtió en un evento restringido para franceses. Tras Wimbledon en 1939, la chilena no volvió a jugar un torneo de Grand Slam en siete años. “Sin la Segunda Guerra Mundial, le habría dado el título de Wimbledon a Chile”, reconocería después a El Mercurio en 1980 la legendaria tenista. No ganar en la Catedral fue la espina que le quedó clavada a Anita. “Siempre le molestó el no haber ganado Wimbledon”, recuerda su hija Ruth.

Sin embargo, su regreso a la competición fue a lo grande. Lizana regresó en 1947, nada menos que en Centre Court, la cancha más sagrada del tenis mundial. Anita fue la única chilena en jugar un partido allí por largos 72 años, hasta que Alexa Guarachi jugó una primera ronda de Dobles Mixtos ante Serena Williams y Andy Murray. Y esa fue su última aparición en un torneo grande, logrando también Cuartos de Final en Dobles. En Wimbledon aún es recordada: Pertenece al exclusivo Last Eight Club, que lo integran los cuartofinalistas del torneo. Otros tres chilenos tienen su nombre allí: Luis Ayala, Ricardo Acuña y Fernando González.

Si bien Anita ya no vivía en Chile, el pueblo chileno jamás olvidó a su heroína. En 1966 retornó al país homenajeada por el presidente Eduardo Frei Montalva en el Estadio Nacional. Su última visita al país fue en el año 1989, como invitada de honor a un torneo senior en Viña del Mar. “Cuando mi madre llegó a Santiago estaba totalmente emocionada”, dice Ruth Weston. Una alfombra roja y cámaras recibieron a una de las máximas leyendas del deporte chileno. “Ella era como aquellas flores que florecen repentinamente en su ambiente natural”, comentaba su hija mayor.

Anita murió de cáncer el 21 de agosto de 1994 en Sutton, Inglaterra, a los 78 años. Su mito es tal, que el club que la vio nacer en Quinta Normal cuelga una foto suya a un costado del nombre de Mundial Lawn Tennis Club. Y esas canchas no sólo cobijaron a Anita en sus inicios, también otra leyenda del tenis, Luis Ayala, doble finalista de Roland Garros salió de esas pistas de arcilla. En 2015, en el día de su centenario, el Court Central del Estadio Nacional pasó a llevar su nombre.

Anita Lizana, El Mercurio, en 1980.