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Marat Safin: “Para mí, ser Top 10 era un suicidio”

  • Por Ariel Román E. (@arielago)

El ex tenista ruso Marat Safin es un curioso caso: Llegó a ser número uno del mundo con apenas 20 años en 2000, pero debió retirarse a los 29 tras un sinfín de lesiones. Hablando un perfecto español que aprendió durante su adolescencia en Valencia, el ganador de dos Grand Slams tuvo una entrevista con el entrenador argentino Daniel Spatz, donde conversó de sus orígenes como tenista, su ascenso al estrellato y los grandes rivales que tuvo que enfrentar a lo largo de su carrera, incluyendo a los chilenos Marcelo Ríos y Fernando González.

Sus inicios como jugador

Safin se formó en Valencia, de lo cual desprende: “Con el tiempo, la escuela española se hizo la mejor del mundo. Fue creciendo en los 90, con Corretja, Berasategui, Bruguera. La base fue mejorando, en un principio era todo defensa. En un principio solo defendían, eran muy pocos los que atacaban, con el patrón español, entrenando en arcilla era normal. Fue mejorando con la aparición de Moya, que jugaba bien en pista rápida, los chicos empezaron a mejorar la volea y el saque, y mira como sale Nadal ahora, juega en todos lados muy bien, volea, ataca, defiende, es muy completo. Hay muchos jugadores españoles que juegan dobles. Antes no jugaban dobles o lo hacían muy mal en los 90. Cuando jugaban Wimbledon sabían que iban a perder en primera ronda, y ni luchaban”.

Una historia de cómo pudo dar el salto de Satélites a Challengers incluye al tenista argentino Mariano Hood: “En el año 97 fui a jugar unos satélites a Holanda. Estaba casi retirado porque los sponsors no me daban dinero, estaba 400 y algo. Fui con unos suecos y me aburrí de ellos a las dos semanas. Ahí en esos torneos estaba Mariano. Estando todos los días en el club se dio cuenta de que yo hablaba español. Me preguntaban por qué hablaba español y le conté mi historia, y después de ese Satélite quería ir a India, o Egipto a conseguir puntos, y me dice: ‘no hagas eso, te vamos a arreglar el calendario’. Me aburrí de los suecos y fui a su cuarto y me cambió el schedule de todo el año, desde junio a noviembre. Ellos me ayudaron para dar el paso a los Challengers. También me dieron contactos para quedarme en los cuartos de algunos jugadores mientras yo disputaba las Qualys, y así conocí también a Sebastián Prieto. Ese año terminé 195 del mundo con 17 años”.

Su madre, su primera entrenadora: “Mi mamá (Rausa Islanova) fue jugadora de tenis. Jugó Roland Garros y Wimbledon en juniors. Luego empezó a trabajar como entrenadora, y como no teníamos niñera, iba con ella al club, y me pasaba todo el día allí. Cuando empecé a caminar, la primera cosa que tenía en la mano era una raqueta. Entrené con ella hasta los 12 años cuando me fui a Bollettieri y luego a España. Era bastante exigente, porque quería sacar el mayor rendimiento”.

La clave de su gran revés está en sus primeros pasos como tenista: “Si te fijas en todos los rusos, los checos y los polacos, todos tenemos más o menos la misma técnica. Todo el mundo tiene mejor revés que derecha, porque aprendimos con raquetas pesadas. Para el niño es más fácil pegarle a dos manos con esa raqueta pesada. Ahora está mejorando, con Medvedev, Rublev, tienen mejor derecha porque empezaron con una raqueta que pesaba menos de un kilo. Pero nosotros jugábamos con una piedra”.

Su llegada al número uno del mundo y el calvario con las lesiones

“Cuando llegué al uno fue una sorpresa. No pude manejarlo bien, porque no entraba en mi cabeza a los 20 años que era número uno del mundo y ¿qué hago después? – No hay más. Soy el uno, qué hay más allá. Es como acabar un juego, y luego te dicen ‘no, es solo el principio y tienes que jugar diez años más’. Había mucha presión que no podía manejar”.

“El problema que tuve yo, era que jugaba un año y el otro estaba retirado, porque tuve muchas lesiones. Me rompí la muñeca dos veces. Cuando fui uno, me rompí el músculo intercostal y estuve fuera cuatro meses. Luego se me jodió la espalda y la rodilla izquierda y se acabó mi vida”.

“Casi no miro tenis. Puedo ver algún partido cuando voy a jugar seniors, y este año cuando fui a Australia vi la final y el partido de Rublev y ya es suficiente. Estuve como ocho años sin ver un partido de tenis. Yo acabé con el tenis porque me quemé mucho y ya no podía correr. Si quiero seguir a buen tenía que correr normal, y tenía la cabeza ya metida en que no puedo correr. Me hundí bastante, porque después de ganar Australia estaba para ponerme número uno del mundo, peleando con Federer. En Indian Wells me lesióné, y pasó un año para volver a jugar. Cuando me recuperé completamente ya no era el mismo. Tenía que depender más de mi derecha, y me fue desequilibrando el juego. Tenía que arriesgar más, y no era mi juego. No podía estar tranquilo en la pista jugando contra Federer, Nadal o Djokovic. Yo quería ser Top 3, Top 5 o no jugar al tenis. Para mí ser Top 10 era un suicidio”.

“A mi me gusta ganar, estar en el 1, 2 o 3. O soy el mejor o nada. Siempre quería ganar a lo que sea. Ahora no juego ni fútbol, hockey, tenis, nada. Sólo quiero estar tranquilo, me quemé”.

Su visión de los grandes del tour

“Guga Kuerten tenía buen saque, y para mí una técnica fea. Sabía que él pegaba muy duro. Cuando cogía ritmo, era muy peligroso. Con el tiempo fue mejorando en pista rápida. Tenía muy buena mano y era bastante listo en la pista. Es como una araña, te enreda, no te mata con golpes super fuertes, sino que te descoloca poco a poco y te come”.
“Ríos es un genio. Para mí es la mejor técnica después de Federer. Increíble mano, increíble como se anticipaba, leía al otro jugador muy fácil. Yo lo admiraba mucho, me gustaba su manera de jugar. Ríos era un ídolo para mí. Para mí jugar contra él era bastante complicado, pero le gané dos veces. Era bastante frágil de cabeza y no tenía un saque muy bueno. Entonces, esas dos cosas supongo que eran sus pesadillas. Él podía haber sido número uno por mucho tiempo, porque tiene un entendimiento del tenis inhumano”.

“Con Agassi había que aguantar una hora, o una hora y media. Él siempre intentaba acabar el partido rápido, y luego él baja mucho de nivel. Tiene mucha experiencia jugando partidos largos, pero se le notaba enseguida cuando bajaba el nivel. Para mí era importante aguantar lo máximo posible, jugarle a contrapié, porque corría para un lado. Si tenías más revés, lo destrozas”.

“Nalbandián es uno de los top top de la historia del tenis. Tenía como niño a Nadal y Federer, y todo el mundo respetaba cómo se movía, era muy listo. Para mí es un misterio por qué no ganó un Slam, debería haber ganado varios. A mí me gustaba personalmente jugar con él, aunque perdí varias veces. Una vez me mató en Rusia cuando jugamos la final de la Davis en 2006, me mató mal. Jugamos el mismo juego, pero yo tengo un poquito más de fuerza. Era más o menos el mismo estilo de ver el partido”.

“González era un muy buen jugador. Es una de las mejores derechas de la historia, el saque lo mejoró mucho, tenía un revés malísimo, pero con Horacio de la Peña fue un jugador más complicado para jugar. Un muy buen luchador, le conozco desde los catorce años. Jugué con él en Les Petits As, el campeonato mundial de infantiles, y me ganó en semis. Y jugó la final contra Ferrero, que le ganó”.

“Era muy difícil pensar que alguien iba a pasar a Sampras, pero llegó Rogelio y lo pasó de largo. Yo entendí que iba a ser muy bueno más o menos en 2001. Yo decía: ‘ese chico, con un partido que le gane a un grande, ya está listo’”

“Hewitt no es antipático. Es muy tenista, quiere jugar, y para él es una guerra, pero no te lo hace nada mal. Cuando te grita a la cara, no te lo hace a ti, se motiva él mismo. A mí nunca me lo hizo a la cara, no sé por qué, pero con Chela se mataban. Yo le respetaba mucho, es un gran jugador, jugamos muchas veces, y siempre nos dimos la mano, y con mucho respeto”.

“No pensaba nunca que Djokovic llegaría a ser quien es hoy, para mí fue una sorpresa. Sabía que Nadal iba a ser muy duro porque es español, empeñado, muy trabajador. Es muy fuerte de cabeza, muy buen chico, humilde y muy buena persona. Él no tiene la mentalidad de español, sino que tiene algo extra. Los españoles se quedan en un nivel, son tan humildes que no se lo creen ellos mismos, y Rafa también es humilde, pero tiene algo más porque puede jugar en todas las superficies. Los españoles sólo jugaban en tierra y Rafa cambió todo el panorama”.