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Mi partido más difícil

Por Gonzalo Lama para Séptimo Game

Cuando partí jugando tenis todo era muy fácil para mí. Solo me dedicaba a pasarlo bien, disfrutar de correr de un lado para otro y pegarle lo más fuerte que podía a la pelota. Así fue pasando el tiempo y me fui dando cuenta de que esto era lo que quería para mi vida. Yo solo quería vivir del tenis para poder cumplir mis sueños.

Pero, con el pasar de los meses y años, fui adquiriendo más responsabilidades, aunque obviamente seguía disfrutando de jugar. Ahora, como en casi todo trabajo, esto de jugar tenis ya no es lo mismo que cuando eres un niño que solo piensa en ir y pegarle a la pelotita.

Me considero una persona apasionada en todo sentido y el tenis lo vivo con mucha más pasión que cualquier otra cosa. Lo llevo en la sangre y mi sentido de competencia es muy alto. Esto es algo que me ha favorecido en muchas ocasiones, pero en otras también me juega muy en contra por el nivel de frustración que siento cuando algo no sale como yo quiero.

El tiempo ha pasado, y he vivido momentos que soñé desde niño. Un ejemplo es representar a mi país y jugar a un nivel muy alto en el circuito. Pero esos sueños cumplidos también acarrearon una mayor autoexigencia, que en un momento me terminó pasando la cuenta en el mejor pasaje de mi carrera. Tuve una rotura de una membrana en mi muñeca que, aparte de todo el tiempo que me hizo estar fuera, me provocó perder aún más tiempo en que me la diagnosticaran (tres meses para ser exacto).

Con mi muñeca destrozada y todo el tiempo perdido, llegó la única solución concreta que fue la operación. De ahí en adelante parecía que las malas no terminaban nunca: primero me dieron tres meses hasta que pudiera volver a competir (que terminaron siendo ocho) y, como si fuera poco, tampoco califiqué para utilizar un ranking protegido en 2017/18. Fue un momento muy difícil para mí. Volver al circuito de Futuros, que son durísimos en nivel y en condiciones, no era algo que me motivaba mucho porque sabía lo difícil que era salir de ahí.

Toda esa pasión que sentía por el tenis comenzaba a disiparse. Cuando volví a jugar ya no era el mismo. No tenía esas mismas ganas y sentía dolores en todos lados. Mentalmente era frágil cuando mi mayor fortaleza siempre fue mi mentalidad asesina y guerrera.

Pasó el tiempo y después de un bloqueo facetario que tuve que hacerme en la espalda producto del dolor insoportable que sentía diariamente, vino el partido más difícil que me ha tocado jugar. Un día manejando de vuelta a casa después de mi sesión de kinesiología, me empezó a faltar la respiración y comencé a sentir una angustia terrible en el pecho. Estaba desesperado. No sabía lo que era, pero sí sabia que necesitaba ayuda. Me sentía encerrado. No veía ninguna salida. Los comentarios en redes sociales me afectaban mucho más de la cuenta. Me sentía vulnerable, inútil y mi autoestima era nula. Llamé a mi psicóloga actual que me conoce desde muy chico y ella apenas me vio me recomendó ir al psiquiatra.

La psiquiatra me dijo lo que jamás pensé que iba a escuchar: tenía problemas de ansiedad y depresión y eso requería de un tratamiento.

Han pasado casi dos años y la verdad es que estoy muy agradecido de todo lo que me ha pasado. Aunque suene raro, la cantidad de cosas que he aprendido en este tiempo solo me las pudo haber enseñado este porrazo. Hablar de esto me avergonzaba mucho, pero ya a mis 25 años me doy cuenta de que mucha gente tiene que lidiar con este tipo de problemas. Mi familia, polola, amigos y equipo de trabajo en este proceso han sido importantes. Pero al final el que tiene que ganar la batalla es uno mismo, porque nadie puede jugar los partidos por ti.

Ya estamos en 2019. La verdad es que con todas estas experiencias que he tenido, ahora pasé de pocas a muchísimas ganas de jugar, volver a competir y tener esa mentalidad asesina que me caracteriza.

Mi padre siempre me repitió desde chico y lo sigue haciendo: “si te caes 100 veces te levantas 101 y sigues”. Y creo que si de algo sirve esto que estoy expresando es que todos deberían perseguir sus sueños hasta el final. Da lo mismo el obstáculo, porque por más grande e imposible que se vea el desafío, creo que siempre hay una salida. Es fácil decir que uno debería mantenerse positivo siempre y vivir la vida como muchos dicen. Pero siento que la vida está llena de dificultades y, tal como los partidos de tenis, depende de uno hasta cuando está dispuesto a aguantarse las dificultades y encontrarles una solución.

Me pasé mucho tiempo esperando un milagro, como por ejemplo un resultado espectacular o que algo pasara de la nada para revertir toda esta situación. Pero al final me di cuenta que si uno no trabaja con convencimiento y constancia, las cosas no llegan por arte de magia.