Hardt frena la racha triunfal de Tabilo en República Dominicana
15/12/2018
Halep y Djokovic, los mejores de 2018
17/12/2018

Nico, desde adentro

Por Nicolás Jarry, exclusivo para Séptimo Game

Ganar el challenger de Santiago, a fines de la temporada pasada, fue lo que me abrió las puertas para este gran año. Significó por primera vez clasificar de forma directa a mi primer ATP y también a mi primer Grand Slam.

Luego de unas necesarias vacaciones, de una intensa pretemporada y tres largos vuelos, logré llegar a Pune, India, para enfrentar mi primer reto del año. Estaba preparado. Recuerdo haberme sentido muy feliz por estar en India, porque las condiciones para jugar eran un tanto parecidas a Santiago. Al mismo tiempo, también estaba intrigado con la cultura tan distinta a la nuestra.

El primer partido fue contra Pablo Andújar, un español que había estado Top 40 y que estaba volviendo de una lesión. Después de casi 3 horas de partido y sobre los 30 grados de calor, logré sacar adelante el encuentro. Fue un duelo muy tenso…

Con Pablo lo discutimos unos días después. Ambos quedamos bastante contracturados, porque el cuerpo no está para nada acostumbrado luego de enfrentar el primer partido de un año. Tanto así que tuve que inyectarme ocho agujas de acupuntura sólo en los glúteos para aliviar el dolor. Pero había que mirar hacia adelante y pensar en el otro partido.

En octavos de final, el rival  fue el holandés Robin Haase. Al igual que en la primera ronda el partido se fue a tres sets, pero esta vez no pudo ser para mí. A pesar de haber ido set y un quiebre a favor, no pude conseguir la victoria. Pero fue un bien inicio del año y me sentía bien a solo una semana del Abierto de Australia.

Al llegar a Melbourne las cosas no se fueron dando como me hubiese gustado. Las condiciones climáticas no dejaban entrenar la cantidad de horas normales y necesarias, y además sólo se podía entrenar de a cuatro jugadores por cancha.

El día anterior al debut me desperté temprano para poder jugar en una cancha a solas con mi entrenador. Iba todo bien, pero al llegar los planes cambiaron y empezó a llover nuevamente. Esto, sumado a los nervios y las ganas de mi primer partido, hicieron que perdiera mi foco mental y con “Tito” (Leo Mayer) jugando bien, no habían muchas chances.

De regreso a Sudamérica…y con sonrisas

Jugar la Copa Davis es algo que siempre me ha gustado, y además esta vez me ayudó a volver a estar bien enfocado y con la mentalidad correcta que se necesita día a día. Le ganamos a Ecuador y después perdimos contra Argentina, pero ya se nos dará. Nos queda mucho camino todavía con el equipo.

Con energía un tanto más positiva, llegué por segunda vez al ATP 500 de Río de Janeiro. Estaba enfocado en jugar qualy, pero un día antes recibí la noticia de que entraría directamente al cuadro ya que un jugador se había lesionado. Un inicio perfecto para lo que serían esas semanas de gira sudamericana.

El primer partido fue contra un español. No ese que se les vino a la cabeza, sino que se trataba de Guillermo García-López. Entré a la cancha teniendo muy claro que iba a ser un partido de puntos cortos. Ambos jugamos a pegarle fuerte desde el fondo de la cancha. Mis primeras sensaciones con la pelota fueron buenas. La derecha y el saque fueron lo suficientemente agresivos para llevarme el partido. Fue mi primera victoria en un ATP 500 y me saqué la espina de no haberlo conseguido la primera vez contra David Ferrer. Después de eso vinieron dos victorias increíbles, ambas muy parecidas. 7-5 y 6-3, primero a Albert Ramos, y luego a Pablo Cuevas.

Fue así como en un pestañear de ojos estaba en mi primera semifinal de un ATP. El rival fue Diego Schwartzmann. Al igual que todos los partidos anteriores, seguí mi misma rutina; entrar en calor, almorzar y esperar de forma tranquila en el camarín, donde pongo diferentes canciones dependiendo de la hora del partido. Si queda mucho para jugar pongo música más tranquila, y así voy aumentando gradualmente hasta poner algo muy motivante cuando ya no queda nada para jugar.

Al entrar a la cancha estaba motivado y concentrado. Tenía presente todas las cosas que debía hacer y sabía que tenía que hacerlo de forma más constante que en mis partidos anteriores, ya que mi rival estaba jugando mejor que el resto de ellos y tiene un gran juego de defensa.

El primer set fue de buenos peloteos y un de gran nivel para ambos. Iba quiebre abajo, pero logré recuperarlo. Fue en el 5-5 donde cometí unos errores que lamentablemente significaron un nuevo quiebre y la pérdida del primer set. Me dolieron muchos esos errores. Después no pude superarlos para poder ejecutar lo que tenía planificado. El segundo set y partido se me fueron rápidamente de mi alcance. De todas formas salí con la cabeza en alto y feliz por haber tenido esa semana increíble.

Posteriormente volamos con Martín directo hacia Sao Paulo, donde mi madre había llegado unos días antes. Me habían hablado que las condiciones de este ATP 250 eran muy parecidas a las de Santiago; canchas de arcilla con bote alto y rápidas las cuales me gustan.

Quedé con unas molestias después la semana en Río y decidí que me ayudara un fisioterapeuta que ya estaba en el torneo y me había colaborado anteriormente. Paulo Santos es su nombre y ahora es el encargado de toda mi parte física.

La primera ronda fue contra el serbio Dusan Lajovic. El inicio del partido fue bueno para mí. Me llevé el primer set al quebrarle el servicio una vez a Dusan. Pero en el segundo set las cosas cambiaron. Él subió su nivel jugando tiros más fuertes y arriesgados y en consecuencia, mi nivel de juego bajó.

En el tercero había que luchar. Muchos pensamientos pasaban por mi cabeza diciéndome que ya estaba cansado por el desgaste de la semana anterior y que por eso no iba a ser tan malo perder. Mi saque estaba funcionando bien y lo pude mantener hasta quedar 5-5. En unos de los puntos antes de lograr tener puntos de quiebre, patiné de manera muy exigida y me dio un tirón en la parte baja del glúteo. Después de varios puntos de quiebre y mucho nerviosismo, pude quebrar y mantener mi servicio para llevarme el partido en tres apretados sets.

Salí de la cancha muy contento por la actitud y lucha que tuve en el partido y con mis propios pensamientos. Le conté a mi equipo de lo que sentí al patinar y que a medida que mi cuerpo se iba enfriando, me dolía más. Salimos directo a la clínica para hacerme una resonancia. Los resultados arrojaron que tenía una distensión, pero mi fisioterapeuta me dejó tranquilo ya que no me iba a impedir jugar. De todos modos, me tuve que retirar del dobles que tenía que jugar ese mismo día.

Por suerte, al día siguiente tuve descanso y pude hacer ejercicios para recuperar. El dolor había bajado durante la mañana del partido de segunda ronda ante Guido Pella y por eso intenté jugar. Con mi equipo quedamos en que si me dolía un poco, me retiraba. Por suerte no pasó nada y pude jugar el partido completo. Fue un duelo muy aguerrido y largo que se definió en un tie-break en el tercer set. Estaba con muchas ganas de ganar, ya que hace un par de semana atrás en el ATP de Quito había perdido en esta misma instancia del partido contra Carballés. Logré jugar mejor que mi rival y pude ganar. Estábamos muy contentos con mi equipo, pero más por cómo había reaccionado la pierna.

El siguiente partido fue exactamente igual con el mismo resultado, cosa que es muy rara en el tenis. Fue contra Albert Ramos y pude sacarlo adelante nuevamente tal como en Río.

La semifinal fue contra un conocido, Horacio Zeballos. Habíamos jugado más de una vez y ambos teníamos victorias sobre el otro. Estaba muy nervioso porque era mi segunda semifinal y de forma consecutiva. Estaba con mucha ilusión de poder jugar mi primera final a nivel ATP. Mi nivel fue de menos a más. Mientras avanzaba el partido, mejor me sentía e iba jugando con mayor autoridad. Con mis juegos de saque estuve sólido. Afortunadamente en el segundo set encontré la manera de devolverle su tremendo servicio de zurdo y pude llevarme el partido finalmente en tres parciales.

Y llegó mi primera final ATP. Tremendo desafío contra Fabio Fognini, a quien considero uno de los mejores jugadores de arcilla, talentoso y muy rápido. Entre en calor con mi entrenador y charlamos sobre el partido. Me dijo que tenía que ir a buscar el partido, estar muy agresivo desde el comienzo porque Fabio no arranca con su mejor tenis. Y así fue. Entré más concentrado que nunca y el primer set pude ganarlo rápidamente.

En el segundo empece teniendo puntos de quiebre, pero no pude concretarlos. Los nervios y pensamientos empezaron a aparecer. El parcial fue igual de  de rápido que el primero, pero ahora era para Fognini. Durante el tercero, el partido estaba muy peleado, los puntos muy largos y jugados. Mi energía la sentí bajar un poco y estaba en cada punto recordándome de dar el 100 por ciento ya que no quedaba mucho.

Lamentablemente, Fabio me quebró el saque en el séptimo juego y terminé perdiendo la final.

Mientras armaban la premiación, estaba apenado porque sentí que el partido se me escapó. Estaba jugando muy bien y mi poca madurez en estas instancias me jugó en contra, pero sabía que para la próxima vez iba a hacerlo de mejor manera. Me pasaron el micrófono y como siempre comencé agradeciendo a todos por haber realizado el torneo. Todo iba bien, normal, hasta que empecé a agradecer a mi equipo y familia. Una ola de emociones pasaron por mi cuerpo y no pude controlarlas. Un par de lágrimas se me escaparon. La emoción de estar en una entrega de premios ATP fue inmensa. Después de tanto trabajo, de haber visto tantas entregas de premios en la tele, yo estaba ahí y muchísima gente me estaba viendo mientras lograba estar donde siempre había querido estar.

Nuevas experiencias

El año continuó y llegó la temporada de pasto, una superficie que no le agrada a todo el mundo y menos a los sudamericanos. Mi gira en arcilla este año fue muy larga y terminó en Roland Garros. Por eso fue que descansé y me recuperé mientras se jugaban los primeros campeonatos de pasto.

En mi preparación para Wimbledon, tuve que salirme de dos torneos y solamente jugué la semana previa en el ATP de Eastbourne. En Chile, tuve la suerte de conseguirme una cancha de pasto sintético para comenzar la preparación. Viajé a Londres y me subí en un auto dirección al este. Me estaba esperando Wally (Grinovero) y Roberto Quiroz. El clima en Inglaterra es un tema complicado, debido a que llueve mucho y solo con un poco de agua ya no puedes jugar porque las canchas se ponen “patinosas”. Pero esta vez, por suerte, estaba increíble y la preparación fue lo mejor posible: varias horas en cancha y sin inconvenientes.

La verdad es que nunca he tenido un buen desempeño en pasto. Esta vez tampoco conseguí la victoria en el debut ante Mischa Zverev, pero por otro lado fue muy positivo porque por momentos jugué bien y logré sacarle un único set al campeón del torneo.

Unos días después llegamos al All England Tenis Club, el club más bonito del mundo para mí y donde tengo varios recuerdos con mi abuelo. Me junté con Paulo -que venía llegando desde su casa en Brasil- y nos pusimos a trabajar en mi parte física.

Para la semana arrendé el tercer piso de una casa muy cercana al club, desde donde se podía ir caminando si queríamos. Esto ayudaba a empezar muy temprano los entrenamientos. De hecho, a las 08:30 ya estaba en el club tomando un rico café.

Uno de los días tuvimos que esperar unos 15 minutos a que nos abrieran el portón del club, ya que ni los guardias habían llegado. Ese mismo día cenamos en el club y cuando me fui no quedaba ni un solo jugador, ni en la cafetería, ni en el gimnasio, ni en el camarín. Es decir, abrimos y cerramos el club luego de estar más de 12 horas ahí.

Salió el cuadro y el rival que me tocó fue Krajinovic. El es muy rápido y sube a la red, por eso era un rival dificil para jugar en pasto. El día del partido calenté bien, comí algo y mientras esperaba el partido me puse los audífonos, le puse lo grips a la raqueta y me mentalicé. Entré a la cancha confiado, había hecho todo lo que podía para prepararme de la mejor forma y eso siempre deja tranquilidad.

Los primeros dos sets fueron con un quiebre para cada uno, primer set para mí y el segundo para él. El tercero se definió en un tie break. Me concentré lo más posible y me enfoqué en ser lo más positivo que pudiese desde la primera pelota, ya que sabía que era clave ganar ese tie break. Significaba ir 1-2 o 2-1 en sets, y yo ya sabía lo que se sentía perder un tercer set de esa manera. Por eso es que no quería se sucediera de nuevo.

Lo pude ganar y eso me ayudó mucho para la confianza del cuarto set. Quebré primero y me pude mantener con mi servicio. Después tuve unos puntos de partido con su saque, los que siento que jugué bien, aunque él los jugó mejor. Me pude mantener tranquilo para cerrar el partido con mi juego de saque… ¡Cuatro buenos saques y listo! Mi primer partido ganado en un Grand Slam y justamente en Wimbledon, el torneo que más me gusta.

Me acuerdo haberme ido todo el camino de la cancha al camarín con una sonrisa de oreja a oreja. La caminata desde la cancha al vestidor con una sonrisa de oreja a oreja y la sensación de alivio y felicidad que sentía mientras el agua caliente de la ducha caía sobre mis hombros, no se me olvidará jamás.

Dos partidos y dos triunfos ante Top 10

La verdad es que durante el año no voy viendo mi ranking o el de los demás. Todos los del circuito son grandes jugadores, de lo contrario no estarían donde están. Siempre he ido partido a partido sin desmerecer rivales, pero de igual manera ganarle a alguien que está entre los 10 mejores del mundo, es algo distinto.

Llegué a Hamburgo con muchas ganas, luego de caer en primera ronda en Umag. Hamburgo, que alguna vez ganó el “Chino” Ríos, es un torneo donde me gustaban las condiciones. Debuté muy bien contra Peter Gojowczyk, jugando a un gran nivel. En segunda ronda enfrentaba a Richard Gasquet, pero por una lesión él se tuvo que retirar. Esto me dio la posibilidad de jugar contra Thiem, un tremendo desafió para mí… mi motivación estaba al máximo y como no había tenido la segunda ronda estaba con más ganas de competir que nunca.

La noche anterior al partido nos juntamos con mi entrenador para hablar un poco del partido, donde analizamos y definimos algunas jugadas que tenía que hacer. El partido fue increíble: el foco y concentración que tenía durante el juego era muy alta, sabía que no podía relajarme en ningún segundo. El me quebró en mi segundo juego de saque, pero eso no me desanimó en absoluto. Así fue como le puede quebrar de vuelta en el juego en que él servía por el primer set.

Llegamos al tie break y me sentía mucho mejor, sobre todo con el saque. Logré ganar los últimos cinco puntos del desempate y así pude ganar ese set. En el segundo set arranqué quebrando, pero después nos fuimos rompiendo los servicios hasta quedar 2-2. Desde el dos iguales hasta el tiebreak el nivel de tenis fue altísimo, y quizá por eso la cabeza ya empezaba a hablar para decirme que estaba cansado. Era un desempate que me significaba ganar el partido si es que lo jugaba bien.

Nunca olvidaré el último punto. Un peloteo largo, donde la última pelota que pegué fue una derecha a la carrera defendiendo alto y cruzado, una pelota que habíamos practicado mucho con Walter el día anterior. Luego de esa pelota Thiem tira la derecha ancha, y mientras aprieto todo mi cuerpo de emoción miro a mi box y grito con toda la fuerza que me quedaba. No lo podía creer… tantos partidos que había visto de él, entre ellos la final de Roland Garros hace unos meses, y ahí estaba yo, ganándole para pasar a semifinales.

Unos meses después, en el Masters 1.000 de Shanghai, tuve otro gran partido. Este año fue mi segunda participación en el torneo, así que sabía bien cómo eran las condiciones. Se juega en un club increíble, donde hay de todo para los jugadores. Esto ayuda mucho, ya que el hotel está a una hora de las canchas y no se puede ir y volver, como normalmente uno hace.

En segunda ronda el rival fue Marin Cilic, el desafío más grande que he tenido hasta ahora, por la superficie y por el nivel del rival. Entré a la cancha con la intención de dejarlo todo independiente del resultado.

El primer set pasó volando, para mal. Nunca había jugado con alguien que jugaba tan bajo y tan rápido, estaba muy incómodo, no veía como jugar. De hecho, devolver su saque era lo peor. En el segundo set me propuse intentar llevarlo al tie break. Pensaba que ahí tendría una oportunidad si solo me concentraba en mi juego de saque. Y así fue, salvando unos puntos de partido y jugando lo más agresivo que podía, finalmente me lo llevé de forma ajustada.

El partido ya se había equiparado para el tercer set y además me sentía mejor. En el quinto juego me tocó sacar a mí. En ese game recuerdo haberme preocupado de más en no cometer un error, lo cual justamente hizo que fallara más y me terminaran quebrando. El ánimo me bajó mucho y no me veía con posibilidades. Por eso, solo quedaba luchar.

El punto clave de este partido fue en el 30-30 del juego donde él sacaba para el partido. Saque abierto, devolví a la mitad de la cancha. Marin con su derecha me juega a mi revés, haciéndome correr mientras él subía a la red. Ahí partí corriendo para ese lado mucho antes de que le pegara, y cuando llegué lo hice cruzado lo más fuerte posible logrando un passing shot. Quebré en el siguiente punto y de ahí en adelante fui a buscar el partido.

Mi primer punto de partido fue recibiendo. Mi cabeza estaba a mil y pidiendo que Marin erre su primer saque. Justamente así fue, yo pensaba que ese punto lo tenía que ganar, que él no la iba errar. Un revés mal pegado por Marin, inesperado para mí, me dio el partido.

Salté unas cuantas veces mientras gritaba con una felicidad indescriptible. No hay nada como levantar un partido después de haberla luchado tanto, incluso contra tu propia cabeza.

El esfuerzo y la constancia de un buen trabajo tarde o temprano rinde frutos. Eso en 2018, 2019 y siempre.

(Fotos: Getty Images)